sábado, 14 de agosto de 2010

EUROMAR

Euromar contra el doctor Arcano

Capítulo 1º La obsesión por envejecer

El Doctor Arcano—: un hombre delgado de noventa años de edad, pero aparentaba tener sesenta, con el pelo negro, algunas canas por encima de las orejas y de uno setenta y cinco centímetros de alzada.
Años atrás había sido uno de los hombres más buscados del mundo por sus muchas fechorías de todas índoles. Llevaba varias décadas sin dar señales de vida y la policía, al llevar tanto tiempo sin saber nada de él, pensaba que tal vez hubiera sido asesinado por algún enemigo (de los tantos que tenía) y habían archivado su caso.
Con sus noventa años, su cuerpo (aunque tardío) empezaba el declive natural que todos los humanos padecemos.
Con formulas misteriosas creadas por el mismo, había conseguido llegar hasta los noventa con una apariencia y vitalidad de sesenta. Pero el sabía muy bien, que si no hacía nada por evitarlo, en poco tiempo sus facultades mermarían de tal manera, que lo llevarían a la muerte.
En los últimos años se había recluido en un castillo de la provincia de Asturias, en Puerto de la Vega. En él, y obsesionado por el envejecimiento, había montado un laboratorio con todos los adelantos del momento, e investigaba todo tipo de posibles soluciones a la eterna juventud.
Pero hasta el momento, lo único que había conseguido era retrasar su vejez unos años, después de haber hecho todo tipo de barbaridades para conseguirlo.
—Tengo que buscar la formula de vivir eternamente, mi mente no debe ser desperdiciada, mi mente es muy valiosa para que desaparezca y debo conseguirlo antes que mis facultades empiecen a mermarse. La mente no envejece por lo tanto, tengo que buscar un cuerpo que no envejezca y trasladar a él mi cerebro —se decía el Doctor Arcano, con rabia y lanzando sobre el suelo un recipiente de cristal, con liquido dentro.
El Doctor Arcano lo había investigado todo, y después de haber hecho todas las barbaridades que se pueden hacer para ser joven eternamente, había llegado a la conclusión que tenía que hacer un cuerpo de materia que no envejeciera. El problema era como conseguir dicha materia.
Después de mucho tiempo investigando, encontró una formula, que pensó sería lo que con tanta ansiedad buscaba.
Del árbol de secuoyas sacó su resina, la mezcló con cangrejos de porcelana y sangre de tortugas de santa cruz. Con todo esto más una sustancia de algas marinas, había conseguido un tejido que no envejecía, mitad vegetal, mitad animal. Ahora lo que había que hacer, era un cuerpo con ese tejido.
Con un esqueleto fabricado con una sustancia hecha con carbono y caucho, había conseguido un esqueleto muy duro y a la vez flexible.
Con el tejido que había fabricado, fue recubriendo el esqueleto, con todos, y cada órgano del cuerpo.
Una vez había terminado el cuerpo, estuvo haciendo todo tipo de pruebas, hasta que quedo preparado para trasladar su cerebro a él.
—Ahora debo trasladar mi cerebro y mi sangre a este cuerpo, la maquina ya la tengo, solo hay que adaptarla a lo que quiero hacer. Los experimentos que he hecho con ella anteriormente, aunque no tuvieron el éxito que yo esperaba, si me han servido para tener una buena experiencia. Llamaré a Lego, quiero que él sea quien supervise toda la operación, y si el Doctor Llover, que será el encargado de realizar la operación, no lo consigue, que lo mate.
El Doctor Manuel Llover, estaba considerado como el mejor del mundo, en trasplantes de órganos.
Lo habían secuestrado un mes atrás y bajo amenazas de matar a toda su familia, le habían hecho preparar todo lo del trasplante. La máquina que el Doctor Arcano había fabricado, para hacer intercambios de cerebros (pero que siempre le habían salido mal, o no lo bien que él quería), ya revisada en los posibles fallos y las manos del Doctor Llover, espera ser utilizada con éxito.


Capítulo 2º El nuevo cuerpo

Había llegado el día que él había elegido, y bajo la más férrea vigilancia de Lego, acompañado por varios guardaespaldas armados, el Doctor Llover comenzaba su trabajo.
Después de catorce horas de trabajo, el Doctor Llover se lavaba las manos y daba por finalizada la intervención quirúrgica.
— ¿Cómo ha salido la operación? —le preguntaba Lego.
— ¡Espero que bien! Dentro de seis horas se sabrá con más seguridad, pero si todas las uniones van bien y ese tejido es perfecto para eso, dentro de seis horas como digo, estará con nosotros el doctor.
No se había equivocado el Doctor Llover y pasado el tiempo que había dicho, el nuevo Doctor Arcano abría los ojos por primera vez; luego, lleno de curiosidad, se fue acercando las manos a su rostro y piernas. Con una voz muy poco humana (el tejido que había fabricado, era más duro que el humano y eso le daba a la voz un timbre muy desagradable y metalizado), pero muy contento, por que aparentemente todo el cuerpo obedecía a su cerebro.
—No se debe mover en unas doce horas, si lo hace antes, aunque todo haya ido bien, hay riesgo que alguna unión se suelte —le decía el Doctor Llover, que llegaba con un café en la mano, para mantenerse despierto.
Dos horas más tarde, el Doctor Arcano no haciendo caso de lo que le había dicho el Doctor Llover, se levantaba y mirándose a un espejo, soltaba una carcajada de triunfalismo. Segundos más tarde caía desplomado al suelo. El Doctor Llover, que estaba durmiendo en un sillón cercano al quirófano, fue despertado por uno de los guardaespaldas, que había visto cómo se desplomaba su jefe.
—Acuda al quirófano, el doctor lo necesita –le dijo el guardaespaldas, con voz angustiada.
El Doctor Arcano fue llevado a la camilla por los guardaespaldas y segundos más tarde, estaba siendo visitado por el Doctor Llover.
—Se le ha soltado una unión y tengo que intervenirle de inmediato. Llévenlo al quirófano y avisen a todo el equipo que me ha estado ayudando —les dijo el Doctor Llover, con cara de preocupación, por lo que podía pasar.
El Doctor Arcano fue intervenido y cuando el Doctor Llover habló con Lego, le dijo que podía haberse dañado el cerebro del Doctor Arcano y que seguramente había sido por hacer esfuerzos antes de las doce horas, que él le aconsejo, para que todo estuviera bien soldado.
—¿Por qué lo dice usted?
—He visto algo que no me ha gustado en la parte más sensible del cerebro. Aunque me he podido equivocar y será mejor esperar que se despierte, así podremos evaluar mejor el daño, si es que lo ha habido.
—Si, será mejor esperar –dijo Lego.
Cinco horas más tarde, se despertaba de nuevo. El Doctor Llover estaba descansando y cuando se despertó el Doctor Arcano, fue llamado por Lego. Este llegó al quirófano y estuvo examinando minuciosamente al Doctor Arcano.
Aparentemente estaba bien y después de examinarlo, el Doctor Llover le dijo a Lego que no veía nada de lo que antes le había dicho y que por lo tanto, daba la operación como exitosa.
—Durante las próximas doce horas, que no haga ningún esfuerzo, ni se levante —le decía el Doctor Llover, a Lego.
Doce horas más tarde.
—¿Cómo se encuentra?
—Bien, con ganas de abandonar todo esto –dijo el Doctor Arcano, con aquella singular voz, metalizada.
—Ha tenido suerte, Doctor, pensaba que se le había dañado algo.
—Algo, ¿a qué se refiere usted?
—Sí, cuando le he intervenido por segunda vez, he visto algo extraño en su cerebro, pero al verlo así de bien, me he debido equivocar.
—No sé a qué se refiere, pero me encuentro muy bien.

Capítulo 3º La misma mente
Veinticuatro horas más tarde.
—Lo he conseguido, lo he conseguido. Ahora estoy más cerca de la inmortalidad, de lo que nadie haya estado nunca —decía el Doctor Arcano y de nuevo daba una fuerte y metálica carcajada.
—Lego, menos al Doctor Llover, los haces desaparecer a todos los que han intervenido en la operación, no quiero que nadie más que usted y el doctor Llover, sepan de mi nuevo físico. El Doctor Llover será eliminado más adelante, cuando esté seguro que no me hará falta, y usted es de mi mayor confianza, por lo tanto, no se debe preocupar por su vida.
Lego, con la ayuda de varios hombres contratados para tal fin, hicieron una gran fosa con una máquina escavadora y todos los que habían ayudado al doctor Llover en la operación, más algunos vigilantes, fueron asesinados, para que no desvelaran nunca el nuevo rostro del doctor.
Solo dos personas sabían de su nueva identidad, Lego y el Doctor Llover, todos los demás fueron asesinados.
Seis meses más tarde y con una mascara del dios Eón puesta, empezaba su nueva andadura.
—Ahora que casi tengo la inmortalidad asegurada, tengo que conseguir lo que tanto he deseado siempre. Ser el dueño del mundo, el más poderoso de todos los seres vivos, el mejor de todos los nacidos y por nacer –decía, y de nuevo soltaba una metalizada sonrisa.
—El arma que me puede dar todo eso ( a lo que hago referencia), la tengo inventada desde hace mucho tiempo.
Dejare sin luz a Gijón, no, a Gijón no, será mejor otra ciudad que esté más lejos. Ya lo tengo, será la capital de España, la que deje sin luz, para avisarle de que he llegado y enseñarles mis pretensiones.
Con esta arma puedo hacerlo a más de mil kilómetros ja, ja, ja –decía el doctor, soltando una carcajada de triunfalismo, con aquel timbre de voz tan extraño y añadía—: Cuando se queden sin energía eléctrica, me darán todo el dinero que yo quiera, así seré también el más rico del mundo y todos bailaran al son que yo les toque.
Una semana más tarde, toda la capital de España se quedaba sin energía eléctrica.
Todos los técnicos buscaban de donde venía el fallo, pero iban pasando las horas y nadie sabía qué había pasado.
El gobierno, viendo que la avería no se arreglaba, se reunió para darle una salida al tan misterioso problema.
Los técnicos de las operadoras eléctricas, hablaban con el gobierno.
— ¡Señor ministro! Lo hemos investigado todo y no sabemos como ha podido desaparecer la energía eléctrica.
— ¿Cómo que ha desaparecido la energía eléctrica y no pueden recuperar la normalidad?
— La energía eléctrica de Madrid ha desaparecido por completo.
—Pero eso es imposible, una cosa así no puede desaparecer como por arte de magia.
— Las centrales que suministran la energía dicen que todo está bien, que lo han revisado todo varias veces y no saben el por que no llega la energía a Madrid.
Después de dos horas de inestabilidad, volvió de nuevo la energía eléctrica, y una hora más tarde, era difundido por todas las cadenas televisivas del país, un comunicado.


Capítulo 4º El canon

Sentado en un sillón, con una bola de la Tierra de gran tamaño a sus pies y puesta en su rostro una mascara del dios Eón, el doctor Arcano leía el comunicado.
— ¡Soy el doctor Arcano! Si quieren seguir con la energía eléctrica (que tan imprescindible se ha hecho hoy en día para la sociedad), deben contribuir con un pequeño canon. Los canon se cobran cuando se tiene el poder y yo, señores míos, tengo en este momento el poder. Mi poder consiste en dar, o no, vida a la ciudad. Otros lo tienen con los ordenadores, como por ejemplo Microsoft, el agua, el gas y las mismas CIA eléctricas etc., etc. y todos cobran su canon. Y no me hagáis que demuestre mi poder, por que esa energía que desaparece, la puedo dirigir contra lo que yo quiera, y eso puede ser muy doloroso para la población. Así que escuchen bien lo que les voy a decir. Madrid, por ser la capital de España y tener más recursos económicos que el resto del país, me pagará en las próximas seis horas, cien millones de euros y todas las demás capitales de autonomías, cincuenta. Todos los pagos se deben hacer dentro de ese plazo, si no hacen lo que les digo, iré dejando sin energía a todas las capitales españolas. Luego no me quieran cargar, lo de si no se ha podido operar y que si han fallecido no sé cuántos por falta de energía eléctrica, por que los culpables seréis los gobernantes. Y como ya habrán podido comprobar, no saben de donde se emite la señal, por que me imagino que lo estaréis comprobando todo, y también os digo, que estoy hablando muy en serio. Habréis comprobado, que la energía desaparece como por arte de magia. Espero no tener que dejar sin energía, a nadie más –dijo el doctor y dejo de emitir.
Todas las policías del país, echaban manos de archivos, para averiguar quien era ese doctor.
La guardia civil los tenía archivados y fue la primera que mandó al ministerio del interior los informes.
— ¡Señor ministro! Han llegado por fax, informes de la guardia civil, relacionados con el Doctor Arcano.
El secretario, junto con el ministro del interior, fueron analizando todos los informes, que le había mandado la guardia civil.
—No lo entiendo, este señor debe tener más de noventa años.
—Si estamos hablando de Miguel Arcano Vergel, tiene en la actualidad noventa años, a punto de hacer noventa y uno, el día quince de enero, cumple los noventa y uno.
—La voz que se escuchó por la tele, no era la de un anciano.
—Ya, pero que yo sepa, solo hay un doctor Arcano y ése, por lo que dice en estos informes, tiene noventa años.
— ¡Escucha esto! En el año cincuenta, fue expulsado del colegio de médicos. Fue acusado de engañar a la gente, con el elíxir de la eterna juventud (que luego se pudo comprobar, que no servía nada más que como analgésico, por que de alargar la vida, nada, de nada) y por eso y otras cosas no muy claras, lo echaron del colegio.
En el cincuenta y cinco, fue acusado de matar a un empresario de Bilbao, después de haberlo dejado arruinado.
Le dijo que le podía curar el cáncer que tenía, a cambio de una muy fuerte cantidad de dinero. El empresario que había sido desahuciado por los mejores especialistas, aceptó, pero lo único que consiguió fue vivir un par de meses más.
En el sesenta, fue acusado de asesinar a varias personas, intentando cambiar sus cerebros. Cogía a deficientes mentales y les traspasaba cerebros de gente de mucho dinero, que eran muy viejos, o que padecían alguna enfermedad incurable.
Con todo esto había conseguido mucho dinero, por lo que contrataba a los mejores abogados, para que lo defendieran de cualquier acusación.
En los setenta fue acusado de vender a países del este, información de empresas.
Desde el año setenta y cinco, no se sabía nada de él. La policía lo había dado por muerto.


Capítulo 5º La llegada de Euromar

El presidente del gobierno se reunió con los ministros afectados, para darle una salida al problema y después de debatir durante un par de horas con los ministros, el presidente dijo que también pediría ayuda a Euromar.
—Está usted informado de lo del Doctor Arcano —le preguntaba el presidente a Euromar, por teléfono.
—Sólo de lo que ha dicho por la tele. Es la primera vez que lo he visto y no sé nada más de él.
—Necesitamos que nos ayude, su amenaza puede ser catastrófica para la humanidad.
—Es un orgullo para mí, defenderla de todo tipo de amenazas, por lo tanto, cuenten con mi ayuda.
—Tenemos información confidencial sobre el Doctor Arcano, y si usted lo ve conveniente, puede hacer uso de ella.
— ¡Gracias, Señor Presidente! Si la necesito, no dude que se la pediré.
Los dos se despidieron y Euromar comenzó a trabajar en el caso.
—Sebastián, tenemos que averiguar todo lo que se sepa sobre el Doctor Arcano.
— ¡Marcelo! Como he visto por la tele la amenaza, ya he recopilado toda la información que he podido.
—Eres un monstruo, Sebastián, sin tu colaboración Euromar no sería nada.
—Se trata de un personaje muy singular y peligroso, además de muy viejo —decía Sebastián, un tanto abrumado, por los halagos de su amigo Marcelo.
—¿Muy viejo?
— ¡Noventa años!
—La voz que se escuchó por la tele, era la de una persona más joven, aunque con un timbre de voz nunca oído.
—Seguramente se habría puesto algún artilugio, para no ser reconocido.
—Si, es posible.
—Desde hace tres décadas, no se sabía nada de él, y la policía al no saber nada en tanto tiempo, había archivado el caso, pensando que lo hubieran asesinado, o que se hubiera muerto por la edad.
— ¿Será el mismo sujeto?
—Eso, lo tendremos que averiguar.
Nadie había conseguido nada sobre su paradero y el plazo de seis horas que el doctor había dado, estaba a punto de cumplirse.
—No podemos aceptar el chantaje, si lo aceptáramos, pronto tendremos otro sujeto, con alguna que otra historia –decía el ministro del interior, en un gabinete de urgencia que se había montado.
Había concluido el plazo y el Doctor Arcano emitió de nuevo otro boletín informativo.
—Hasta ahora he sido muy benévolo con ustedes, solo os he pedido un pequeño canon, para cubrir mis gastos. Pero viendo que no lo aceptáis, empezaré a no ser tan compasivo con vosotros. Me sale mal cambiar de aptitud, por que morirá mucha gente inocente, pero ustedes lo habéis querido así. A partir de ahora el canon será el doble, y solo serán tres horas para hacerlo llegar a mis cuentas. La ciudad que dentro de tres horas no tendrá energía eléctrica será Barcelona. Así que preparen todo lo que deban preparar, por que dentro de tres horas estará sin energía. Y si los catalanes sois inteligentes, ir preparando los cien millones de euros. Si no pagan, cada tres horas se quedará una ciudad sin energía. Además os haré saber muy bien lo que puedo hacer con la energía que hago desaparecer.
La policía intentaba localizarlo, pero no había forma de hacerlo, el dispositivo que utilizaba para transmitir sus mensajes era muy bueno. Era un artilugio, que cuando transmitía la señal, parecía que fuera de cualquier televisor encendido y eso, hacía que fuera imposible su localización.


Capítulo 6º No al chantaje

El gobierno catalán se reunió con el gobierno central y acordaron no pagar nada.
—Les meteré el miedo en el cuerpo, así verán lo que puedo hacer con la energía y también para que sepan que hablo en serio –decía y añadía—: Si Barcelona no paga, haré desaparecer algún símbolo importante de la ciudad.
Había llegado el plazo y de pagar nada.
Barcelona se quedó sin energía y lo peor de todo, fue que un enorme rayo en forma de espiral se concentró en la Sagrada Familia y esta, en cuestión de segundos desapareció, dejando tras de si un desvastado solar.
Las sirenas de las ambulancias no dejaban de tocar y un fuerte k.o. se hizo dueño de la ciudad.
De nuevo otro boletín informativo.
— ¡Señores! veo que no entienden que yo tengo ahora el poder y que harán lo que yo quiera, o por las buenas, o por las malas.
Ahora el canon será de trescientos para Madrid y de ciento cincuenta para el resto de ciudades, y una hora y medía de plazo. La próxima ciudad en quedar sin energía eléctrica, será Sevilla. Me ha salido muy mal quitarle ese fantástico símbolo a Barcelona, pero no me habéis dado otra opción, y espero no tener que quitar ninguno más
—Sebastián, ¿has podido averiguar algo?
—No mucho, pero en la parte del norte de Asturias, cuando ha desaparecido la sagrada familia, ha habido un incremento muy grande de energía, y puede que esté operando desde allí.
—Me acercaré, a ver si puedo averiguar algo.
Euromar con su coche (llamado bala), como si de un misil se tratara, circuló el cielo a gran velocidad.
Se había cumplido el plazo y la ciudad de Sevilla se quedaba sin energía, y lo peor de todo era la Giralda, que como la Sagrada Familia, desaparecía dejando solamente un desvastado solar.
Euromar estaba cerca de la zona donde se escondía el Doctor Arcano y pudo comprobar por el mismo, la fuerte concentración de energía eléctrica que allí había.
—Es raro, los controles se están volviendo locos (aquí hay mucha energía concentrada). Bajaré a tierra antes que me pase algo.
Bala empezó a perder altura y los controles no obedecían a Euromar. Este, al verse impotente para controlar el coche, desactivo todos los controles y activó un enorme paracaídas, que hizo aterrizar el coche suavemente. Lo hizo en el bosque, a unos cincuenta kilómetros del castillo.
— ¡Sebastián! Aquí hay mucha energía concentrada, creo que estamos en el buen camino —le decía Euromar, después de haber aterrizado.
— ¡Ha desaparecido la giralda de Sevilla!
— ¿Hace mucho?
— ¡Unos minutos!
—Por eso no me iban los controles del coche, por la fuerte energía concentrada. Debe tener la guarida por aquí cerca, tengo que encontrarlo enseguida.
Euromar le dio a un botón y el paracaídas se fue metiendo poco a poco en un recipiente que había en el techo del coche, que era de donde había salido.
De nuevo el Doctor Arcano salía por la tele.
— ¡Señores, a ver quien aguanta más! Para que todo esto pare, Madrid debe pagarme cuatrocientos millones y el resto de provincias doscientos. Ahora sólo disponen ustedes de una hora para hacerlo. La próxima ciudad que se quedará sin energía, será Zaragoza –decía el Doctor Arcano desde su asiento, junto a la bola del mundo, pero esta vez, más enfadado que las otras veces.
Euromar se acercó al castillo y pudo comprobar que era desde allí, desde donde se estaba atacando a la humanidad.


Capítulo 7º Ataque al castillo

En ese momento, Euromar veía cómo varios cazas españoles se acercaban y lanzaban sus misiles contra el castillo.
—Euromar, al ver aquello, se apartó de la línea de tiro y segundos más tarde, un resplandeciente rayo rojo, hacía desaparecer a los cazas y explotaba los misiles lanzados sobre el castillo, antes de que hicieran blanco.
Minutos más tarde, un amplio ejército iba rodeando el castillo y sus soldados iban cogiendo posiciones, así como los carros blindados, apuntaban al castillo.
Los tanques empezaron a escupir fuego, y de nuevo un rayo rojo salía del castillo, destruyendo a dichos tanques.
El oficial que estaba al mando, al ver el arma tan potente que les estaba atacando, dio la orden de retirada.
Euromar, bajo la mirada lejana de los militares, empezó a escalar una inclinada pared, que había en la parte norte del castillo.
— Mi general, un hombre enmascarado está subiendo al castillo.
— ¿Por dónde?
— ¡Por la parte norte!
— ¿Lo pueden enfocar?
— ¡Sí!
—Le pasaré las imágenes al ministro del interior. Señor ministro, vea unas imágenes que le mando –le decía el oficial, al ministro.
El ministro encendió un monitor y vio como Euromar estaba a punto de llegar a la cima del castillo.
—Ayuden a ese hombre en lo que puedan, es nuestra ultima baza.
— ¿De quién se trata, Señor Ministro?
— ¡De Euromar!
— ¿Euromar?
—Sí, el defensor de la justicia más grande y más valiente que haya habido nunca.

— ¿Doctor, tenemos visitas?
— ¡Visitas!
—Si, mire el monitor.
— ¿Sabes de quién se trata?
—No, sólo que está enmascarado.
—Lánzale un regalito eléctrico, y fríelo como si fuera un boquerón.
—Sí, Señor.
Lego apuntó el rayo a Euromar y se llevó una gran sorpresa, cuando vio como era rechazado su rayo, con otro de color azulado, lanzado por el hombre enmascarado.
Desde donde estaban los soldados, se veía el duelo de rayos.
Euromar con el rayo lanzado por su pistola, empujaba al rayo lanzado por Lego.
—Métele más potencia, ese enmascarado está al limite de sus fuerzas, si aumentas la potencia, acabaras enseguida con él —le decía el Doctor Arcano, que veía como Lego iba perdiendo la pelea.
En ese momento el general que había dado la orden de retirada, dijo de nuevo que apuntaran al castillo y dispararan.
El Doctor Arcano, al percibir de nuevo los impactos, le dijo a Lego que eliminara los tanques. Este había aumentado la potencia y Euromar tuvo que tirarse al vacío, para no ser fulminado. Lego, pensando que había matado a Euromar, lanzó de nuevo el ataque sobre los carros de combate.
Euromar, que había quedado exhausto (del gran esfuerzo realizado), aprovecho el momento para esconderse y recuperarse.
El general, viendo que eran alcanzados los tanques, dio de nuevo orden de retirada.
El general hablaba con el ministro.
—Hemos tenido que retirarnos de nuevo, esa arma es muy potente.
—¿Y Euromar?
—No sé la suerte que habrá tenido el enmascarado, desde aquí no se ve nada.
— ¿Qué me quiere decir?
— El enmascarado estaba luchando contra ese potente rayo, con uno suyo, y viendo que no conseguía vencerlo, decidí lanzar ataques sobre el castillo para ayudarle. De golpe el rayo fue dirigido contra nosotros, y desde entonces no hemos sabido nada de Euromar.
—Averigüen lo que le ha pasado, e infórmeme de inmediato.
—Sí, Señor —dijo el general.
Minutos más tarde, y aprovechando que se estaba haciendo de noche, Euromar empezó a escalar el castillo con sus potentes ventosas.
— ¿Se sabe algo del enmascarado que nos atacó?
— Cuando le puse más potencia, seguramente fue abatido. Nadie sobrevive a un rayo tan potente.
—Bien, bien. Vigilen todos los accesos, que no quiero sorpresas.
Euromar, amparado en la oscuridad de la noche, consiguió subir al castillo.
—Ha pasado el plazo, ahora le toca el turno a Zaragoza y les quitaré la Pilarica.
El doctor Arcano lanzó otro mensaje por televisión.
—Cada hora, dejaré sin energía y sin algún símbolo importante, alguna ciudad del estado español. Y si no se van los militares de estas inmediaciones, arrasaré todo lo que se mueva en un radio de cincuenta kilómetros, y hablo muy en serio.
El ministro del interior llamó de inmediato al General Portillos, que era el que estaba al mando de la operación.
—Deben abandonar de inmediato la zona, ese loco ha mandado otra advertencia.
—Sí. Señor, ya la he oído.
Los militares emprendieron de nuevo la retirada, pero esta vez se fueron a cincuenta kilómetros del castillo.


Capítulo 8º Las réplicas

Euromar estuvo investigando todo lo que pudo y luego se puso en contacto con Sebastián, para analizar las cosas.
—Sebastián, he estado viendo replicas de los monumentos que ha hecho desaparecer, los tiene en una enorme sala, y también he comprobado el enorme reactor, que absorbe toda la energía que desaparece. Es inmenso y está custodiado por muchos vigilantes, todos vestidos de blanco. He puesto en marcha el dispositivo anti alarmas de calor, pienso que debe estar todo minado de censores.
—Si, seguramente esté todo minado
Un ruido se hizo patente, acompañado de un fuerte centello y entre el centello, apareció la Pilarica, junto a los demás monumentos.
—Debo destruir ese enorme reactor, si no acabara con todo el estado español.
Euromar se acercó a los mandos y desactivó el reactor, quitando una llave blanca, y en ese momento empezó a llegar la energía a las ciudades. Minutos más tarde, el doctor Arcano era avisado por emisarios suyos, que la energía estaba llegando a las ciudades.
—¡No puede ser! Lego, baje a ver el reactor térmico, que esto no me gusta nada.
—¿Qué ha pasado, Señor?
—Las ciudades están recuperando la energía y yo no la he soltado.
Lego, con varios hombres armados, bajaron a la parte baja del castillo, que era donde estaba el reactor.
—Está desactivado, Señor.
— ¿Cómo?
— Lo que le estoy diciendo, Señor.
—Espere que ahora bajo.
—Alguien ha debido pararlo.
—El único que se me ocurre en este momento, es ese enmascarado que intentaba subir y que no lo hubieras destruido con el rayo, como tú decías.
–Señor, yo vi cómo lo alcanzó el rayo.
—Reactívalo de nuevo y refuerza la vigilancia, si ese enmascarado está dentro del castillo, será su perdición.
—No se puede, Señor, no está la llave principal.
— ¿Cómo que no está la llave principal?
—Que todos los vigilantes, a las tres de la mañana salgan a la terraza del castillo, si hay algo con vida dentro, será eliminado de inmediatito —decía el Doctor Arcano, mirando el reloj y con su singular voz.
El Doctor Arcano, para limpiar de posibles intrusos el castillo, soltaba de vez en cuando una enorme descarga eléctrica, que llegaba a todos los rincones del castillo. El único sitio seguro era el techo, el suelo estaba conectado a la red eléctrica a través de unos cables internos, y todo el que lo estuviese pisándolo, cuando el doctor soltaba la descarga, era desintegrado.
Euromar se percató del peligro y con unas ventosas que utilizaba para subir por las paredes, se quedó colgado del techo.
La descarga sólo duraba unos segundos, pero era mortífera.
—Si ese enmascarado está escondido, se habrá quedado frito como un boquerón –decía el Doctor Arcano.
Todos los vigilantes vestidos de blanco y armados hasta los dientes, iban corriendo hacia sus puestos. El doctor los tenía bien entrenados y en cinco minutos estaban todos en sus puestos.
—Hay que encontrar la llave, sin ella no se puede poner en marcha el reactor –decía el doctor, que estaba bastante enfadado.
Lego, con un grupo de hombres armados, buscaban por todos los rincones del castillo al enmascarado, y por la descarga eléctrica tan fuerte que habían soltado, esperaba que estuviese muerto.
Todas las ciudades afectadas fueron recibiendo su energía y normalizando sus estructuras, menos los monumentos desaparecidos, que permanecían en poder del doctor Arcano.
— ¡Allí está! —decía un vigilante, que había visto una sombra.
Lego, con la precaución que requería la situación, y arropado por sus hombres, se acercaba a donde había señalado el vigilante.
Euromar utilizó de nuevo las ventosas y se colgó del techo. Estaba tras una puerta que daba al comedor del castillo y desde allí pudo ver como pasaban todos los vigilantes mirando para todos los sitios, menos para donde estaba él, que estaba oscuro.
Después de examinar el comedor, todos los vigilantes, con Lego a la cabeza, salían de allí.
Euromar salió tras ellos y cerca de allí, estaba la sala donde se encontraban los monumentos. Este se metió en dicha sala.
—Son unas replicas autenticas —decía Euromar, que contemplaba con asombro los monumentos.
Euromar se acercó a una enorme máquina y se quedó sorprendido, al ver, que en un letrero decía “achicadora de objetos.” Luego se volvió a donde estaban los monumentos y con cara de sorprendido, los estuvo contemplando de nuevo.
—No puede ser, es imposible —se decía Euromar y añadía—: Si es verdad lo que estoy viendo, debo averiguar pronto la forma de volverlos a su estado natural.
Euromar escuchó ruido y se escondió tras la máquina. Se trataba del Doctor Arcano, que con cuatro de sus hombres, examinaban minuciosamente la máquina.
—Tengo la mejor colección de monumentos del mundo. ¿Cuanto me daría algún jeque árabe, por la autentica Giralda de Sevilla, o por la Sagrada Familia de Barcelona?.—decía el doctor, que contemplaba con prepotencia los monumentos.
—Señor, está todo bien, no falta nada.
—Muy bien, Felipe, coge la llave blanca, que me la llevaré, y ahora dos de ustedes, os quedáis vigilando la puerta, que no quiero más sorpresas —decía el doctor, bastante nervioso.
Euromar desde su escondite, pudo comprobar como el doctor se llevaba la llave, y cuando se marcharon, salió y se puso de nuevo a examinar la máquina.
—Por lo que he podido oír, más lo que estoy viendo, estos son los monumentos auténticos y no una replica, como pensaba –decía Euromar, con asombro y añadía—: Esta máquina reduce los objetos al tamaño que uno quiera, por tanto, me imagino que también se podrá invertir el proceso y darle de nuevo el tamaño real. Además por lo que estoy viendo, se debe poner al mínimo la reducción, por que sino, no podrían pasar por esa puerta. Debo conseguir esa llave y devolver cada monumento a su sitio, luego destruiré esto tan maligno que hay aquí.


Capítulo 9º La devolución


Euromar salió de la sala, en busca de la llave.
Varios vigilantes que había en la puerta, fueron reducidos por Euromar con un par de golpes; luego este los amarró con unas bridas de plástico y los introdujo detrás de la máquina achicadora de objetos.
Estaba todo lleno de vigilantes y además estaban advertidos, de que Euromar estaba en el castillo.
Con la rapidez de un rayo, Euromar se lanzó contra dos vigilantes, y lo mismo que los otros, con un par de golpes, fueron dejados k.o. y amarrados con bridas de plástico.
Lego, con sus hombres, seguían buscándole por el castillo; este, al no ver en la puerta de los monumentos a nadie, dio la voz de alarma, llamando a su jefe.
—Señor, en la puerta de los monumentos, no hay vigilancia, ¿la ha quitado usted?
—No, dejé a dos hombres.
—Pues no hay nadie.
—Registrar la sala, a ver si está todo en su sitio, que ahora me acerco yo.
El doctor, con varios de sus hombres, se acercó a la sala. En ese momento descubrían a los dos vigilantes amarrados, e inconscientes.
—Esto debe ser obra de ese enmascarado del diablo, debemos cogerlo antes que acabe con todos nosotros —decía el doctor Arcano, preocupado por lo que estaba pasando.
Euromar había conseguido mermar en un buen número los vigilantes y estaba pendiente de conseguir la llave.
Mientras tanto, en las ciudades mucha gente se acercaba a donde horas antes estaban sus monumentos más emblemáticos, misteriosamente desaparecidos. Y aunque era de noche, muchos estaban contemplando con desencanto el lugar donde durante tantos años habían estado.
—No puede ser que desaparezca un monumento tan grande, en tan poco tiempo y sin dejar rastro alguno —decía uno contemplando el solar, donde siempre había estado la Sagrada Familia.
—Esto debe ser obra de algún gracioso, que con magia, nos hace ver lo que él quiere —decía un sevillano, contemplando el local donde siempre había estado la Giralda.
—Maño, si me lo cuentan no me lo creo, que se hallan llevado a la Pilarica, sin dejar rastro —decía uno de Zaragoza, con cara de incrédulo.
Euromar puso fuera de combate a dos vigilantes que había delante de la habitación del doctor, y cuando se disponía entrar, escuchó ruido y se escondió en el techo, que al ser tan alto, estaba un tanto oscuro.
El Doctor Arcano llegaba con varios hombres y al ver que no había vigilantes, sacó una pistola, y arropado por sus hombres, se acercó hasta la puerta.
—Ese enmascarado ya me está hartando, lo que no sé, es cómo desaparece tan rápido —se decía para sus adentros, mientras abría la puerta de su habitación.
Con toda la precaución del mundo, abrió la enorme puerta y después de encender la luz, examinó con detalle que todo estuviera en su sitio.
—No ha entrado, al menos está todo en su sitio —se decía para sus adentros, un poco más calmado.
— ¡Lego! ¿Por dónde andas?
—Estoy por los calabozos.
—Venga aquí arriba, que ese enmascarado acaba de eliminar a los vigilantes de mi habitación –decía el doctor, un tanto asustado.
Minutos más tarde, Lego llegaba.
—Da usted su permiso.
—Sí, pasa. Esos que están en la puerta no son los vigilantes que había dejado usted, esos dos venían conmigo.
—Perdone, Señor, pero en la puerta no hay nadie.
— ¿Qué dices? si hace dos minutos que he dejado a dos vigilando en la puerta.
—En la puerta no hay nadie.
El doctor, con aquella voz entre metálica y humana, y una cara tan rara y tan poco expresiva, por el tejido tenso con que había fabricado su cuerpo, salía de la habitación, para comprobar por sí mismo, que los vigilantes habían desaparecido.
—Ese enmascarado debe ser un fantasma, sino, ¡cómo desaparece tan rápido? —le decía el doctor a Lego, que ponía cara de pocos amigos y añadía—: Registra todo el castillo, e ir en grupos, a ver si así no puede con vosotros, por que me estoy quedando sin hombres.
Lego fue juntando hombres y hacía grupos de seis, pero en vez de estar estáticos en un sitio, los puso en movimiento, por zonas.
Había dejado en la puerta de su jefe a cuatro, pero lo mismo que había pasado la vez anterior, fueron atacados por Euromar, que cayó sobre ellos y en unos segundos eran amarrados y metidos bajo una escalera de piedra, que iba a un torreón. Era donde estaban inmóviles los otros cuatro vigilantes anteriores, que habían sido atacados por Euromar.
Euromar entró en la habitación, donde un desafiante doctor lo estaba esperando.
—Si mueves un pelo, eres hombre muerto –le decía el doctor.
Euromar, que no estaba acostumbrado a ser sorprendido, se sobresaltó un poco.
— ¿Quién diablo es usted y para quien trabaja?
—No trabajo para nadie en concreto.
— Acláreme eso.
—Trabajo para que la humanidad esté limpia de villanos con máscara de dioses, como usted.
—No me diga que tenemos aquí a un defensor de los desamparados; pensaba que esos héroes sólo existían en las novelas.
—Y yo pensaba que villanos como usted sólo existían en los libros de historia.
—Yo no soy ningún villano y menos viejo, así que déme la llave y déjese de tonterías.
—Eso mismo le digo yo, déme la llave para devolver cada monumento a su sitio, a sus gentes.
—Si esos miserables no pagan el canon, no hay monumentos. Además, para qué tengo yo que darte explicaciones, si te puedo dejar frito con mi rayo —dijo el doctor y le lanzó un rayo rojo.
Este fue contestado por Euromar, que con su pistola de rayos azules, neutralizaba el rayo rojo del doctor Arcano. Los dos como si de un pulso se tratara, aguantaban sus armas enganchadas por los rayos. Después de unos segundos de forceo, el arma del Doctor Arcano era destruida por el rayo de Euromar.
Euromar le dio al doctor y este cayó al suelo, luego se agachó y le cogió la llave del bolsillo, y cuando se levantaba, el doctor le dio un fuerte puñetazo, cayendo este al suelo.
—¿Pensabas que habías terminado conmigo? Ahora empieza la pelea, enmascarado de capotillas.
— En la pelea la rapidez de Euromar era contrarrestada por el cuerpo indestructible e incansable del Doctor Arcano, que ante los muchos golpes que estaba recibiendo de Euromar ni se imputaba.
—Puedes golpear lo que quieras, pero ya te cansarás y cuando eso ocurra, acabaré contigo —decía el doctor, soltando una desagradable y metalizada sonrisa.
Lego, con cinco de sus hombres, se acercaba, y el doctor Arcano al verlos, les dijo que le dispararan. Estos alzaron las armas para disparar, pero la rapidez de Euromar, les hizo errar los disparos.
—Soy indestructible, esta faceta mía no la conocía todavía, creo que el tejido con el cual estoy hecho, es más bueno de lo que yo pensaba —decía el doctor y soltaba otra metalizada sonrisa; luego se tocó el bolsillo y al ver que no tenía la llave, cambió de semblante.
Los hombres del doctor, con Lego a la cabeza, estaban buscando a Euromar, cuando una fuerte voz, producida por el doctor, les llamaba.
—Hay que vigilar con todos los hombres que puedas, la sala de los monumentos, que ese enmascarado me ha quitado la llave y si devuelve los monumentos a sus sitios, esos miserables no me pagarán nunca —le decía el doctor Arcano a Lego, muy enfadado.
Todos, incluido el doctor, se fueron para la sala de monumentos.
—Mirar por todos los rincones, que ese enmascarado puede estar en cualquier sitio –les decía Lego a sus hombres.
Después de haber estado un rato registrando la sala, no encontraron a nadie, y menos dos hombres que se habían quedado dentro, los demás habían salido y vigilaban por fuera de la sala.
—No puede estar muy lejos –decía Lego, que junto el doctor y algunos hombres, iban caminando hacia la alcoba del doctor.
—Cada vez pienso más que nos estamos enfrentando a un fantasma –decía el doctor.
—No sé si será un fantasma, pero sí es muy rápido —decía Lego.
Euromar, que estaba escondido en el techo, decidió acabar lo antes posible con todo aquello y empezó a eliminar vigilantes. Está vez los iba dejando fuera de combate con el rayo. Cuando todos los vigilantes que estaban en la puerta de la sala de monumentos fueron eliminados, entró a por los dos que había dentro y una vez todos eliminados, comenzó el proceso para devolver los monumentos a sus sitios de origen.
La enorme fuerza que aquello suponía, hacía falta poner en marcha el reactor y que calentara unos minutos. Euromar utilizó su rapidez y enseguida se puso en marcha.
El doctor se dio cuentas que el reactor estaba en marcha y junto a Lego y varios hombres, salieron corriendo con las armas en la mano. Cuando llegaron a la puerta del reactor, se encontraron con la puerta cerrada y el reactor en marcha, con la fuerza inversa puesta, que era para enviar y no la otra, que era para extraer de las ciudades su energía.
—Lego, haga lo que quiera, utilice lo que crea necesario, pero quiero esa puerta abierta ya —decía el doctor, que siendo un hombre tranquilo y acostumbrado a tener las cosas controladas, cuando veía que esto se le estaba escapando de las manos, se ponía de muy mal humor, y más, cuando reaccionaba y pensaba en los monumentos.
—Ese miserable está en la sala de monumentos, se ha debido dar cuentas que para enviarlos de nuevo a sus sitios, hace falta poner en marcha el reactor –dijo Lego.
—Ustedes dos, vengan conmigo –dijo el doctor, y salió corriendo hacía la sala de monumentos.
Cuando el doctor llegó, Euromar los había enviado todos, menos a la Sagrada Familia, que la había dejado para la última. El doctor entró en la sala y cuando vio a Euromar, le lanzó un rayo rojo, que pasó rozando su cabeza. Euromar se tiró al suelo y le respondió con su rayo azul. El doctor Arcano, cuando vio que sólo quedaba en la sala la Sagrada Familia, dio un metalizado grito de rabia y lanzó toda su cólera contra dicho monumento. Euromar consiguió desarmarlo con su rayo, antes que el doctor hiciera blanco en el monumento y este, al verse sin arma, se abalanzó sobre Euromar. Aunque consiguió herirlo en un brazo, el doctor ni se inmutó, y los dos de nuevo entablaron otra pelea.
Euromar intentaba enviar la Sagrada Familia, pero era neutralizado por el doctor, que le atacaba con toda su energía. Cada vez que el doctor caía al suelo, Euromar intentaba enviarla, pero este era incansable y no había manera de hacerlo.
Euromar, después de llevar un buen rato peleando con el doctor y viendo que era incansable, optó por cambiar de táctica. Aprovechando su rapidez, se lo echó a cuestas y lo llevó lo más lejos que pudo; luego volvió y pudo enviar la Sagrada Familia a su esplendido lugar. Y cuando estuvo seguro que todos los monumentos estaban en sus lugares, con su rayo destruyo la máquina achicadora. Luego se marchó en busca del reactor, al cual en ese momento, Lego lo estaba parando. Este, que estaba con varios hombres, al verlo le lanzó un rayo rojo, al cual fue respondido con el rayo azul por parte de Euromar. Estuvieron unos segundos forceando, pero Euromar era más fuerte y consiguió alcanzarlo en el pecho, dejándolo k.o.
Los pocos vigilantes que aún quedaban, se marchaban y junto con los que estaban amarrados, abandonaron el castillo, bajo la amenaza de Euromar, de hacerlo volar.
Cuando todos abandonaban el castillo, llegaba el Doctor Arcano, que al ver cómo todos huían, les preguntaba a los hombres, que con cara de pánico, abandonaban el castillo.
—Tenemos diez minutos de tiempo para salir del castillo.
—¿Cómo que diez minutos? ¿Qué está pasando?
—El enmascarado nos ha dado quince minutos para salir, antes que todo vuele por los aires y ya solo faltan diez.
El doctor entró en el castillo y con la mirada perdida, iba avanzando.
Diez minutos más tarde y desde la distancia, Euromar hacía volar el castillo.
Treinta minutos más tarde llegaba la policía y el ejército al castillo.
Horas más tarde, el presidente del gobierno le daba las gracias a Euromar y este se marchaba contento, por que todo volvía a su estado normal.
Días mas tarde y después de examinar todos los rincones del castillo, el ministro informaba a Euromar, que la explosión fue muy fuerte y que pudiera ser el motivo de que no apareciera el cuerpo del doctor Arcano.
Historia contada y … acabada.


GJPavón

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